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EL DIA DESPUES / MATIAS ALMEYDA
GRITO PELADO
A los 31 años, casi retirado, admite que la pasó muy mal, reniega de su manera de pensar y critica con dureza el ambiente del fútbol: “Ahora trabajo con animales, que son mejores que las personas”.
Si la vida es una contradicción permanente, Matías Jesús Almeyda las encarna hoy en su máxima expresión.
En el último año tuvo más de diez ofrecimientos concretos para continuar su carrera de futbolista, incluidos dos grandes de Argentina, uno de Italia y otro de Inglaterra, para todos los gustos como se observa, pero uno tras otro los fue desechando. Estuvo a punto de rubricar su retorno anhelado al club donde se inició tras el intento frustrado del año anterior y hasta llegó a ilusionar e ilusionarse por los medios con frases del estilo “todavía tengo el fuego sagrado”, pero unas horas después, casi sobre la firma del contrato, ya se estaba bajando. Sin embargo, y aquí comienza a tomar forma la contradicción, Almeyda confiesa que debe apagar la tele los domingos porque sufre viendo los partidos y que durante un par de meses se encerró en su habitación, casi a modo de autoflagelación, para repasar una y otra vez las imágenes de su carrera. Los ocho goles que metió los recuerda cuadrito por cuadrito.
Matías tiene hoy casi 32 años y bastante cuerda para seguir jugando al juego que mejor juega y que más le gusta. Incluso durante buena parte de la charla franca, en la que desnudará sus emociones sin filtros, admitirá que pena por no seguir corriendo detrás de una pelota. Aunque, vale aclarar, no lo hace por exclusiva decisión propia. O quizás lo haga, en realidad. Porque dejó y no dejó. Se retiró, pero se da un changüí hasta fin de año. A escucharlo, entonces, para tratar de comprenderlo.
–¿Qué estás haciendo, Matías?
–Tratando de adaptarme a mi nueva vida, pensando en el cambio y en lo que dejé. No es tan fácil como yo creía, por ahí tengo demasiado.
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